Sábado, 21 de Septiembre de 2019
Última actualización: 18:50 CEST
Salud

Farmacias, 'huelga silenciosa' y corrupción

Alamar, La Habana. (CUBADEBATE)

El recién aprobada Resolución 54 de 2018 del Ministerio del Comercio Interior (MINCIN), que regula aspectos relativos a la protección del consumidor, no ha comenzado a surtir efecto en las farmacias de Habana del Este, donde la población continúa padeciendo viejos maltratos.

Entre los problemas que más molestan está la lentitud, que origina grandes colas en las entradas de estos establecimientos. La mayoría de ellos no cuenta con bancos o espacio bajo techo para esperar a resguardo del clima.

La causa de las demoras radica en las vendedoras, que parecen haber establecido una especie de huelga silenciosa, presentándose frente al mostrador solo una de las tres con que usualmente cuenta cada farmacia.

Miguel Robledo, jubilado residente en la Villa Panamericana, acudió recientemente a su farmacia y asegura que tuvo que esperar "más de una hora en la cola".

"Cada vez que miraba hacia el mostrador, veía a personas diferentes comprando, pero aun así la cola parecía no avanzar. Había una sola vendedora atendiendo, pero adentro se sentían las voces de tres mujeres conversando", se queja.

"Entré hasta la oficina de donde salían las voces y les pregunté si ellas no podían vender para que la cola avanzara. Una me respondió que no, que mientras no les subieran el salario iba a ser así".

"Entonces, la administradora, que me conoce y sabe que soy del Partido, trató de arreglar la cosa y les ordenó que se pusieran a vender en el mostrador, y en pocos minutos la cola desapareció", concluye Robledo.

Las personas que diariamente acuden a las farmacias, encuentran allí un mal que resulta más agobiante que sus dolencias: la desidia. Para quienes trabajan, la pérdida de tiempo que origina este fenómeno resulta especialmente dolorosa.

"Mi madre, de 73 años, es la que normalmente va a la farmacia a comprar sus medicinas, pero como ahora se fracturó una clavícula tuve que ir yo, y la experiencia no pudo ser peor", apunta Serguei, residente en el reparto Bahía.

"Estuve desde la 1:00 hasta casi las 4:00 de la tarde bajo el sol y, para colmo, a última hora se nubló y comenzó a llover, y toda la cola se tuvo que hacinar en un portalito de dos por cuatro", agrega refiriéndose a las condiciones de la farmacia de 5ta Avenida, en el citado reparto.

Allí también había una sola vendedora en el mostrador. Desde el fondo se escuchaban igualmente las voces de varias mujeres conversando.

No obstante, detrás de los perjuicios al consumidor, las trabajadoras farmacéuticas también sufren los efectos de la desidia, que "baja" desde lo alto, como las "orientaciones".

"Andaba en busca de antibióticos para mi hermana", cuenta María Antonia, cuentapropista del reparto Camilo Cienfuegos. "Fui a la farmacia de la Zona 11 de Alamar, que tiene menos colas que otras. Aun así tuve que esperar casi una hora para que me atendieran, porque las dependientas estaban descargando medicamentos".

Según María Antonia, una dependienta le dijo que ya se han quejado varias veces de la falta de personal para recibir la mercancía, pero que la empresa no resuelve ese problema.

Otra dependienta de esa unidad le confesó a este reportero que había pasado todo el día sin alimentos. "Son las 3:00 de la tarde y no hemos comido nada", dijo visiblemente afectada la trabajadora.

Pero la demora y la desidia no son los únicos problemas. Como un cáncer que hace metástasis está allí la corrupción. Amén de la gran falta de medicamentos que afecta a todo el país, la venta ilegal por parte de los trabajadores de las farmacias acrecienta la carencia.

Dos farmacias que han sido estigmatizadas por la población en este sentido son las de la Zona 6, en Alamar, y la de la Villa Panamericana.

"Con frecuencia vas a ver allí a un nombre con más de 15 tarjetones, comprando grandes cantidades de medicamentos, para vender a sobreprecio. Mi hijo le ha comprado la tira de Dipirona a diez pesos, y a cinco la de Kogrip, medicamentos que el Estado subsidia a centavos para la población", dice sobre una de esas farmacias Desiderio, jubilado residente en Alamar.

Una vendedora de una farmacia de Cojímar comenta que allí reciben "mucha menos mercancía que en la Villa Panamericana".

"Pero ellos casi nunca tienen nada y nosotros sí. La explicación no te la voy a decir, porque es obvia", añade.

Aunque los salarios de los trabajadores farmacéuticos son hoy más altos, aún resultan insuficientes, sobre todo porque los precios de las necesidades básicas como los alimentos continúan subiendo. Por ello, es difícil que el frecuente cambio de personal de las farmacias o la correcta aplicación de la Resolución 54 logren resolver el problema.