Sábado, 12 de Octubre de 2019
Última actualización: 10:47 CEST
Opinión

La magia de López Obrador

Colección de verano de Carolina Herrera, inspirada en motivos populares mexicanos. (CLARIN)
Traje tradicional de Oaxaca. (GETTY)

Hace un par de semanas, la Secretaría de Cultura de México acusó de apropiación cultural a la diseñadora Carolina Herrera por inspirarse en temas de las culturas indígenas para su colección de verano.

Diríamos que las autoridades mexicanas están haciendo el ridículo. Nada de eso. Están haciendo historia. Si no me equivoco, es la primera vez que el tópico de apropiación cultural, uno de los más agresivos en el arsenal de la corrección política, pasa a ser una cuestión de Estado.

En una carta dirigida el 10 de junio a Herrera y al diseñador Wes Gordon, la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, exige una explicación pública por haber tomado motivos que forman parte de la "cosmovisión" de comunidades indígenas. Según Frausto, se trata de un principio de consideración ética que obliga a poner sobre la mesa un tema impostergable: promover la inclusión y hacer visibles a los invisibles. De paso, Frausto propone encontrar una vía para remunerar a las artesanas autóctonas.

Los manuales de la corrección política identifican como apropiación cultural la adopción inapropiada de costumbres, prácticas, ideas, etc., de un pueblo o sociedad por miembros de otros pueblos o sociedades. ¿Qué factores hacen inapropiada la adopción? Hmmm, no se entra en esos detalles.

Por lo general, el pecado concierne principalmente a los miembros de los pueblos y sociedades desarrollados. Oportuna salvedad que impediría a griegos y romanos, por ejemplo, reclamar derechos y compensaciones por el empleo universal de sus respectivos acerbos culturales.

Este es uno de esos temas que te dejan en un dilema. Si lo tomas en cuenta, sientes que pierdes el tiempo. Si no lo tomas en cuenta, sientes que pierdes el sentido común. Solo la más obtusa demagogia, en un contexto de autoinfligida ignorancia, puede penalizar la natural y libre correspondencia entre las culturas. Tanto más cuando se trata de contenidos folclóricos cuya creación y transmisión se producen de manera espontánea como expresión de un carácter local, abierto a un continuo,  informal y, por suerte, incontrolable proceso de interpretación y reelaboración.

La tesis de la apropiación cultural es un ardid segregacionista y extorsionador contra aquello que la izquierda progresista identifica perversamente como la cultura del hombre blanco. Coincide con supremacistas y fascistas al negar el incesante mestizaje, la apertura a la diversidad y la desprejuiciada selección de valores que caracteriza a la civilización occidental.

Desde su atalaya, los guardianes de la censura rastrean un inabarcable territorio. Pueden prohibir a las estudiantes blancas de college el trenzado tradicional de las mujeres de África (los cornrows) lo mismo que cancelar una fiesta de disfraces para niños de preescolar en Halloween. De haber regido estas prescripciones entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX nos hubiéramos quedado sin Gauguin y el Aduanero Rousseau. No pensemos ya en el período africano de Picasso.

Resulta irónico que el celo de la apropiación cultural contemple muchas sendas de ida pero ninguna de vuelta. Festejemos que a las tejedoras de Saltillo se les deje apropiarse de la cultura de los otros. Ante una septicemia, ¿quién va ponerse a pensar en el origen patriarcal y eurocéntrico de la penicilina? En su viaje al mercado desde las serranías de Oaxaca, ¿deberían echarse a andar a pie las artesanas de Santa María Tlahuitoltepec, ofendidas por el impacto colonialista de la rueda?

Una constante en la presidencia de Andrés Manuel López Obrador ha sido la manipulación demagógica de las comunidades indígenas. Recordemos su reciente reclamo a España para que pidiera perdón por la Conquista. La desmesura de estas y otras movidas obliga a mirar con recelo. Quizás no sean episodios de una desfasada mentalidad de izquierda, sino los pasos de una bien planeada estrategia para provocar una trágica ruptura en la sociedad mexicana.

A la hora de hacer visible lo invisible en este circo mexicano puede que de la chistera indigenista no veamos salir precisamente a las nobles bordadoras de Aguacatenango.

5 comentarios

Imagen de El viajero

( risa ) Cada día el ridículo se convierte mas en política de izquierda  No hay limites.  Lo increible del caso es que hay personas que se toman todas estas  narrativas  muy en serio y hasta con mucho fervor.   

Imagen de javier monzon velazques

Pienso que la humanidad va al desastre en un mediano a largo plazo, con la prevalencia y empoderamiento de las teorías absurdas de lo políticamente correcto, el progresismo  de izquierda, el feminismo salvaje, la agresiva identidad de sexos, el racismo (solo el antiblanco), la penetracion de neo marxismo cultural, el islamismo anti occidente, etc etc. La democracia actual,  con su slogan: "no podemos ser iguales que ellos", no ofrece una mínima garantía de frenar, y mucho menos erradicar, esos peligros que se fortalecen cada día.

Imagen de Lagrange

Lopez Hablador tiene una tendencia a los actos de elevado simbolismo e inutilidad, muy similar a los del Cagandante en Jefe. Creo el "Instituto para devolverle al pueblo lo robado" (textual), a pesar de que ya existía en administraciones anteriores una Oficina de enajenacion de bienes. La carta al Rey de España va en esa direccion, dicen que sugerida por su esposa, que es Dra. en Linguistica y reverenda pendeja. Lo de Carolina Herrera igual. Esas son cortinas de humo para tratar de ocultar cosas mas tangibles: Trump dijo que Mexico iba a pagar el muro y ahora resulta que les subió la parada, pues en realidad MEXICO ES EL MURO.

Imagen de Ana Julia Faya

Muy buen artículo. Reynaldo menciona lo de Carolina Herrera y la carta a España, dos de las manipulaciones políticas más visibles --y demenciales-- de AMLO, que como manipulación al fin está dirigida a sectores que le pueden favorecer en su mandato. Las comunidades indígenas es su blanco más manido, tan llevadas y traídas según el político que las accione, con discursos plagados de paternalismo barato. Se ve hoy en México, y en Canadá con Trudeau. Ya el asunto no es ni siquiera de izquierdas y derechas, sino de sentido común. ¿Es que dirigirá una campaña contra los Taco Bell? 

Imagen de Espinoza

Y cuando van a la escuela reciben de gratis toda la ciencia creada durante siglos por el resto de la humanidad.