Domingo, 29 de Marzo de 2020
Última actualización: 16:47 CET
Sociedad

Estafa en serie, a la vista de la Policía y con peligro para todos en Santiago de Cuba

Camión para el transporte privado en Santiago de Cuba. (AFP)

Perdió todo el dinero que acababa de mandarle su hija desde Estados Unidos y casi le cuesta la vida. Un hombre de 57 años de edad es una de las más recientes víctimas de estafadores que operan en la terminal de Calle 4, en Santiago de Cuba, con la anuencia de choferes de camiones privados dedicados al transporte de pasajeros y la vista gorda de la Policía.

El domingo de la estafa, el hombre acababa de recoger en el aeropuerto internacional de Santiago dinero y artículos que le envió su hija. Abordó un camión particular hacia Caballería, Holguín, y tuvo la mala suerte de que en él se subieran los estafadores.

El grupo, que opera en la terminal mientras los camioneros particulares esperan a que el vehículo se llene de pasajeros, utiliza el viejo juego de "la chapa" que, pese a ser una estafa archiconocida, sigue cobrando víctimas.

"Le advertí sobre ese juego, pero de todas formas se puso a jugar", relató un viajero que había caído en la trampa con anterioridad. "Lo embullaron y, en menos de nada, le tumbaron 140 dólares", añadió.

"Aquel señor casi se infarta, pero lo más arriesgado que hizo fue tratar de caerles atrás luego de darse cuenta de lo que había hecho, porque esa gente te mata sin pensarlo dos veces", señaló el viajero.

"Yo no sabía lo que estaba haciendo. ¿Ahora qué yo le digo a mi hija?", se lamentaba la víctima mientras corría tras los malhechores con lágrimas en los ojos, según testigos que lo ayudaron sentarse cuando le sobrevino un dolor precordial. "Este es el viaje más terrible de mi vida", aseguró la víctima.

"Todos los domingos se suben cinco hombres en ese camión mientras carga pasajeros, y dos se quedan abajo para avisar si ven algún movimiento de policías", dijo una mujer que vende mercancía en la terminal y ya conoce cómo funciona la estafa.

"Uno de ellos mueve las tres chapas que esconden una bolita de esponja, la cual finalmente va a parar bajo la uña larga del dedo pulgar. Los otros se hacen pasar por jugadores que supuestamente ganan. De ellos, uno vigila a los que están ya montados en el camión por si los delatan", explicó.

"A ese señor hasta le metieron la mano en la maleta para 'ayudarlo' a sacar el dinero. Uno de ellos le decía que él era muy viejo y por eso no tenía dinero, todo para que se picara y cayera en la trampa", recordó.

"A uno que sacó el teléfono e iba a bajarse, le preguntaron qué iba a hacer. Si a ese muchacho se le hubiese ido que tenía intención de llamar a la Policía, lo habrían reventado ahí mismo", comentó otro espectador.

Una adolescente apuntó que llamar a la Policía habría sido "por gusto".

"Ellos (los policías) ya saben que todos los domingos pasa lo mismo, a plena luz del día, y nada. Y el chófer y el machacante (la persona que acomoda y cobra a los pasajeros) les permiten que se monten a hacer sus fechorías. La semana pasada, de un piñazo en el estómago, dejaron tendido en el piso a uno que perdió y les cayó atrás. No lo mataron porque había más personas allí".

"El día que los cacen y los metan presos eso se acaba, pero es más fácil hacerle la vida imposible al que vende ajo, vianda u otra cosa", criticó la adolescente. "Lo otro es que cuando a uno le decomisen el camión por permitir que eso suceda, los demás se llamarán a capítulo y no van a dejar estafar a más nadie en su carro".

Como suele suceder en este tipo de casos, no faltó quien rechazara la idea: "El dueño del camión no tienen la culpa porque todo el que está aquí es mayorcito ya para saber lo que hace", dijo un viajero que habitualmente hace la ruta Santiago de Cuba-Caballería. "A nadie aquí le pusieron un cuchillo en el cuello para que jugara. Si él se dejó estafar, es su problema".

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Imagen de Imposible

Eso se llama ser berraco. El que juega pierde.