Martes, 10 de Diciembre de 2019
Última actualización: 16:13 CET
Artes visuales

'La pintura es un campo de batalla'

Arturo Rodríguez en su estudio. (PEDRO PORTAL)
Arturo Rodríguez, 'Arcimboldo, Courbet, Cézanne, Arbus, Henri Cartier-Bresson, Mondrian, Sharaku Ghosts (The Encounter I)', 2018.,

Leonardo decía "pittura e cosa mentale", pero la realidad de la pintura es mucho más compleja. Quizás es más adecuado decir que la pintura es una cosa integral, donde el pintor tiene que poner de todo o su todo: cuerpo y alma, corazón y cerebro y también cojones (u ovarios, si es mujer).

Esto lo lleva haciendo Arturo Rodríguez (1956, Ranchuelo, Las Villas) desde que comenzó a pintar en los años 70. No cabe duda que Arturo Rodríguez es uno de los pintores más significantes del llamado arte Cuban American, es un pintor estadounidense contemporáneo y ante todo es sencillamente un "pintor de pintores". Es decir, que desde un principio se salió del ghetto del exilio y pertenece al arte universal.

A mediados de 2015 este artista comenzó a trabajar una nueva serie de óleos y acuarelas a las que ha titulado Arcimboldo’s Ghosts (Los fantasmas de Arcimboldo). Este próximo 17 de noviembre el público de Miami tendrá la oportunidad de verla cuando abra su exposición del mismo título en LnS Gallery (2610 SW 28th Lane, Miami, Fl).

Durante mi reciente visita a Miami ("ese rico y aburrido suburbio de La Habana", como decía Jesús Díaz) tuve la oportunidad de visitar su taller y hacerle esta entrevista.

¿Cómo y cuándo se originó esta serie?

A mediados de 2015 estaba reflexionando y estudiando sobre la obra de William Blake, especialmente "The Ghost of A Flea" que es uno de mis cuadros favoritos, y de una manera más bien caprichosa tambien pense en Arcimboldo, y me pareció que sería interesante mezclar los dos artistas y asi se pintó "Drunk Carrot Ghosts (for William Blake)" y la serie se fue desarrollando, de una manera más o menos orgánica.

Cada serie va cobrando su propia vida, va creciendo y cambiando a medida que trabajas en ella. Arcimboldo no es ni uno de mis pintores favoritos ni creo que un pintor importante de por sí. Pero su obra es importante por sus ideas, su forma de juntar fragmentos y así crear una totalidad.

Para mí es como Magritte: no un gran pintor, pero sus ideas de lo visual son superiores a la pintura que realizó. Es arte sobre arte, sobre arte.

Sí, claro, pero todo este arte al fin y al cabo tiene su origen en la vida. Como dijo Meyer Shapiro, "el arte viene del arte previo y de la vida misma". ¿Cuáles son los artistas y obras con los que dialogas visualmente en esta serie?

No son ni Bonnard ni Goya, ni Velázquez ni Matisse, ni Caravaggio, quienes siempre han sido mis pintores de cabecera.

Escogí y terminé trabajando con pintores y fotógrafos que funcionan como caprichos, como divertimentos dentro de mi pintura: el "San Jorge y el dragón" de Uccello, el "Bañista masculino" de Cézanne, el soldado de caballería de Gericault y "El encuentro" de Courbet, las composiciones con tres colores primarios de Mondrian y un par de fotos de Diane Arbus —el niño con la granada de juguete en la mano, dos locos.

También la foto de Cartier-Bresson donde un hombre salta sobre un charco. Aquí lo que me fascinó es la sombra de la figura. Y el japonés Sharaku.

Arcimboldo es como el hilo de coser que los une a todos. Son pedazos, fragmentos, cuadros descompuestos para crear otros. Como Frankenstein, pedazos de todo el mundo para crear un nuevo mundo. Una especie de historia compuesta de "toda la visualidad del mundo" que ha sido descompuesta y recompuesta.

Pero todo esto no es nada más que una excusa simplemente para hacer pintura, para explorar la expresión pictórica, no hacer ilustraciones ni ser meramente descriptivo. Respeto a los pintores que cambian, que no se repiten, que se arriesgan. La verdadera pintura te lo pide, te lo exige.

Todos conocemos tu pasión por la música —específicamente blues, jazz, clásica—. ¿Qué música has escuchado durante el tiempo que pintabas estos óleos y acuarelas?

En los últimos dos años, Bach. Su repetición y al mismo tiempo variedad, la estructura de sus composiciones, es una visión del infinito.

La música de Miles Davis de los 70 con elementos electrónicos, percusión india, brasileña, afrocubana, etc., es una música muy ecléctica. Miles estaba buscando una música sin principio, sin fin. La continúas escuchando después que se para el disco, admiro mucho la gran libertad y soltura que hay en esta manera de crear.

Por supuesto Cachao, Bebo Valdés, Mongo Santamaría, siempre están presentes también y muchos otros que ahora no hay lugar para enumerar.

Creo que esa soltura y libertad de que hablas en la música que has escuchado es una constante en toda esta serie. Esto es la pintura de un hombre que lleva muchos años pintando, que conoce su oficio con gran profundidad y práctica y por eso puede hacer lo que le da la gana. Como el último Turner o Goya o Bonnard. Hace algún tiempo me dijiste que pintar un cuadro, que la pintura, es un campo de batalla.

Estos cuadros no los pude haber pintado ni a los 30 ni a los 40 años. Uno entra al cuadro, tienes una idea. Hago mi sketch. El cuadro empieza a cambiar. Lo que tenías en mente va cambiando. Tú no sabes que hacer. El cuadro te está pintando a ti. Tienes que adentrarte profundamente en el cuadro.

No es solo cuestión de tiempo. Estas mirando una cosa que tú no sabes. Pero tienes que esperar. El óleo te obliga a esperar. Te preguntas: "¿Cómo yo acabo esto?". Es como ser alpinista, has subido a la montaña, pero ahora en la cúspide, tienes que saber bajar, tambien es difícil el descenso. Y sí, es como un campo de batalla.

La serie se titula en español Los fantasmas de Arcimboldo. Inmediatamente pensé en el libro de Sábato El escritor y sus fantasmas, que es sobre los escritores que lo obsesionaban y sobre el hecho de escribir, de hacer literatura. Tu obra tiene una presencia fantasmagórica desde los 80, sé que pintaste la serie Archipiélago de fantasmas (Ghost Archipelago) hace 18 años. Mi primer texto sobre tu obra, fue sobre esta serie. ¿Por qué lo de los fantasmas?

Primero, desde un punto de vista puramente pictórico, el blanco, el uso del blanco con pigmento o veladuras o manchas, o el blanco del lienzo mismo, une la serie Ghost Archipelago con esta. De nuevo, toma tiempo. El blanco es luz pero también es ausencia, vacío, de ahí lo fantasmagórico.

El problema de los fantasmas... yo hace años que trabajo con este tema, desde los 80. Cioran escribe que él hablaba con los muertos, con su padre muerto, que en los sueños hablaba con los muertos. Quizás yo hablo con ellos en mi pintura.

Los japoneses tienen una cultura que conversa con los fantasmas. Los muertos y la vida. Comunión con la inpermanencia. Pura sugestión: enfrentar el pasado con el presente. Es una manera de entender la realidad.

No quiero imponer mi punto de vista religioso, pero en tu obra siempre he intuido como un hambre de Dios, una búsqueda, y en esta serie lo haces a través de un conversatorio (por falta de otra palabra) amoroso con estos pintores y fotógrafos y ante todo con la pintura misma.

Yo no soy religioso, pero todos los días me paro frente a un cuadro en el que estoy trabajando. Es una lección de humildad. ¿Por qué hago esto? ¿Cómo hago esto?


Arcimboldo's Ghosts de Arturo Rodríguez se inagura el sábado 17 de noviembre, en LnS Gallery (2610 SW 28th Lane, Miami FL 33133).