Viernes, 15 de Noviembre de 2019
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cine

Eduardo Palmer, el documentalista olvidado de Fidel Castro, pone su obra a buen recaudo

Eduardo Palmer. (EL NUEVO DIARIO)
Poster de 'Cuba, satélite 13'. (MARAKKA TV)

Eduardo Palmer, el productor cubano que cubrió con seis cámaras y a color la entrada triunfal de Fidel Castro a La Habana en enero de 1959, donó este viernes su archivo fílmico a Radio y Televisión Martí, la planta de emisiones hacia Cuba que el Gobierno de la Isla tilda de "enemiga".

Palmer, que en 2015 publicó su autobiografía para marcar presencia como documentalista en seis guerras latinoamericanas, dijo en una entrevista con EFE que la emisora federal, a la que dona 35 títulos sobre Cuba, es donde mejor puede estar ese material.

"No quiero negociar con el dolor del pueblo cubano; la idea nunca fue vender mi archivo", afirmó. "A mí no me cae bien el régimen de los Castro".

Entre los documentales que el productor y abogado atesoró hasta hoy, y que entre 1963 y 2010 tratan asuntos relacionados con el castrismo, se leen títulos producidos y dirigidos por él como La Red Avispa, sobre los espías cubanos capturados en Miami, o Manto Negro, en el que muestra una prisión de mujeres en Cuba.

Junto a ellas figuran A solo 90 millas, sobre las conexiones de Castro con el terrorismo internacional, y Alerta Roja, acerca del programa cubano para la guerra biológica y química.

Pero el más sui géneris es el primero de la lista, Cuba, satélite 13, dirigido por Manuel de la Pedrosa y producido por Palmer, que se estrenó en 1963 simultáneamente en once cines de Nueva York.

En el filme, los documentalistas trataban de demostrar que sumarse a la órbita soviética no era una buena idea.

No obstante, Palmer, que ahora tiene 87 años, como muchos cubanos en un principio se sintió deslumbrado por el proyecto de Castro.

"Le filmé con sonido cuando (Castro) dijo: 'Esa campaña de acusar a esta revolución de comunista es falsa. Esta revolución es tan verde como las palmas". Eso lo tengo grabado y está en el documental Cuba, satélite 13", afirmó.

El productor de cine, que tras el triunfo de 1959 ocupó un cargo de funcionario de transporte urbano, llevó la entrada de Castro a La Habana a un documental que ahora le incomoda: Gesta inmortal.

"Trata el triunfo de las tropas de Fidel sobre Batista, en colores, en 30 minutos. Lo tengo, pero no lo divulgo, porque es a favor de Fidel".

Palmer lo había producido con una empresa fundada por él en 1954 que llegó a ser de las tres únicas con laboratorio a color en América Latina, junto con una en México y otra en Argentina, dijo.

Curiosamente, esa empresa, Cuba Color Film, con la que Spencer Tracy dobló en 1958 escenas de El viejo y el mar, fue confiscada por el Gobierno.

Pero Palmer, emprendedor nato, se dejó reclutar por el capitán Juan Nuiry para ejercer como abogado en la intervención de autobuses a nivel nacional.

"Un día recibo una llamada del Che Guevara para que fuera a verlo. Llego a su oficina y me pregunta cómo va la compra de los autobuses. Le explico que abrimos licitación y los finalistas eran una marca alemana y otra francesa", narró Palmer.

Para su sorpresa, Guevara respondió que ya tenían planeado comprarlos a la marca Skoda, de Checoslovaquia.

"Es un negocio de Gobierno a Gobierno", cerró el diálogo el entonces presidente del Banco Nacional de Cuba.

"Yo ignoraba cómo funciona eso en el comunismo, y es que te envían los autobuses a cambio de tabaco o azúcar", recordó ahora en su modesto apartamento de Miami, donde vive con su esposa, Elsa.

En el prólogo de Mis 6 guerras, autobiografía de Palmer editada en Miami por Alexandria Library, el ensayista cubano Carlos Alberto Montaner afirma que, "curiosamente, Palmer, hombre pacífico y gentil donde los haya (...) ha sido testigo de luchas en Centroamérica, en República Dominicana, en Venezuela y en otra media docena de sitios convertidos en mataderos sangrientos".

Después de salir de Cuba "in extremis" en 1960, Palmer llegó a ser director de El Panamericano, empresa de comunicación para el mercado hispano de Estados Unidos, pero se estableció con otra empresa audiovisual propia en República Dominicana en 1963.

Desde allí embarcó hacia conflictos bélicos en El Salvador (1980), Nicaragua (1982), Granada (1983) y Panamá (1989).