Lunes, 14 de Octubre de 2019
Última actualización: 10:47 CEST
DIARIO DE LA BIENAL

DÍA 9: La breve y maravillosa historia de la cuidadora de Villa Manuela

'Hum...', de Rocío García. (K.BISQUET/DDC)
'Esperando al enemigo, aún...', de Rocío García. (K. BISQUET/DDC)

Finalmente pude pasar por Villa Manuela para ver la exposición Beliki Tuman de Rocío García. Fue curiosa mi experiencia allí. Veo la exposición, tomo las fotos, tomo mis ideas y salgo de la galería a esperar a mi amiga, que hablaba con uno de los especialistas del lugar. 

—A ella no le gustó, le expliqué de qué iba, pero no le gustó— me dice desde su asiento la cuidadora de la galería con cara de decepción, mientras miraba a una extranjera que recién salía.

—Sí... y eso... ¿por qué? ¿Qué le dijo usted?— le pregunto, con la sospecha de quien sabe que va a escuchar algo fascinante.

Bueno, para qué dilatar esto con diálogos. La señora me hizo una historia con sus palabras de lo que para ella habían significado esos cuadros. Era una narrativa hermosa y totalmente coherente, cada cuadro marcaba un momento clave en su historia. Claro que la artista había dispuesto las piezas y sus títulos con una funcionalidad de conexión narrativa.

Pero la lectura de la cuidadora (llamarla cuidadora pudiera confundirse con la que está al cuidado de las obras dentro la galería; ella era la CVP, o sereno, pues usaba el uniforme carmelita), su versión, era para mí totalmente acertada, reveladora y no me quedó otra opción que volver a entrar para ver las obras una vez más.

Esta vez mi recepción accedía a otros niveles de lectura. Primero ordené la ruta de los cuadros para encontrar esa historia, luego me detuve en los aspectos formales.

En esta ocasión, la artista se despojaba de muchos elementos recurrentes en su obra, se limitaba a una pintura casi esbozada con la transparencia de dos o tres colores. La sobriedad técnica se visualizaba en el desnudo de sus personajes erotizados, hasta en la muerte, lo desenmascarado, el minimalismo escenográfico. Había aquí un índice muy sutil de rebeldía.

Sentí esa solidificación y confianza en estos cuadros, en la propuesta economizada a la esencia, como la escualidez de un haiku punzante o de una estampa japonesa. Sentí un momento de la artista cargado de sutilezas y significados capaces de llegar a cualquier persona, incluso a la cuidadora de Villa Manuela.