Sábado, 22 de Febrero de 2020
Última actualización: 23:17 CET
Diario de la Bienal

DÍA 14: La construcción del posible viaje infinito de Wilfredo Prieto 

Maqueta de 'Viaje infinito', de Wilfredo Prieto. (K. BISQUET/DDC)

He aquí una obra con pretensiones tan megalomaníacas como la propia Bienal. Se trata de Viaje infinito, de Wilfredo Prieto, la construcción de una autopista real de 1km de longitud con la forma del símbolo del infinito (2km de carretera sin la forma), con cuatro vías de circulación de 3m cada una y un paso elevado que permite la circulación en ambas direcciones, emplazada en Zaza del Medio, en la provincia de Sancti Spíritus. 

Entonces leo el catálogo para encontrar algunas respuestas a mis preocupaciones. Se habla aquí de "arte de la tierra" y su diálogo con la naturaleza, "una noción particular del arte ceñida a la relación con el contexto, monumentalizando el espacio y albergando como requisito estético impostergable la armonía entre el arte y el paisaje", luego la historiografía de artistas estadunidenses contemporáneos del llamado movimiento Land Art y en su paralelo, el creciente instalacionismo "que priorizaba al objeto como símbolo de capacidades sociológicas y comunicativas y como portador de la memoria’ y ‘la escultura instalada con un fuerte impacto social". "La obra (Viaje infinito) se plantea además —sigue el catálogo— como una arquitectura de sociabilización a gran escala, en tanto apela a la interacción sociocultural y no solo a la contemplación".

Aun no termino con el catálogo pero quisiera detenerme en estos puntos. Si bien el artista "redimensiona el espacio público en el contexto rural y le otorga valores conceptuales a un terreno ordinario de la provincia de Sancti Spíritus" —según se refiere en el texto— ¿a qué impacto social se está refiriendo? ¿cuál es la enseñanza? Porque en estas líneas solo veo deforestación y pavimentación… ah bueno, a continuación viene una reforestación. Ya luego estaremos hablando de lo ecológico de los materiales utilizados. En este contexto, en un terreno baldío en el pueblo de Zaza, que si acaso conecta con la Autopista Nacional a 400 metros por la parte norte, con un paisaje casi carente de una flora espesa (sin cuestionar la belleza de la vista que bien puede ser relativa), la funcionalidad de esta obra instalativa como mirador apenas se concibe. En cuanto a utilidad urbanística, también se pierde. Pensaba, tal vez en Japón esta obra tuviese otras expectativas, la conexión naturaleza/humano; en EE.UU la protección medio ambiental; pero en Cuba la experiencia es otra, un país carente de todo material, donde es primario el problema de la manuntención y construcción de carreteras que la contaminación ambiental, donde ya de antemano estamos conectados con la naturaleza, y donde no existe un problema de existencialismo o abstracción, puesto que son muy sofisticados para nuestra existencia tan precaria y nuestra realidad, en efecto, surrealista. Nuestros problemas son los más primarios, los políticos, los económicos. Quizás si el terreno hubiese sido sembrado con plantas comestibles y con los materiales se arreglaran algunos huecos en las vías… Pero eso son solo algunas lecturas, hablemos de arte y su espectador. 

Pensaba en los habitantes del municipio de Taguasco, de los consejos populares colindante a Zaza del Medio, Serafín Sánchez, Tuinicú, Siguaney, Ojo de agua, La Yamagua, La Rana; y realmente fue difícil ubicarlos en la anómala carretera como un "sujeto modificador", quizás para seguirle el juego a lo novedoso y transitar por una vía en forma de ocho, o como colaboradores en el futuro proyecto sociocultural, pero muy lejanos de interactuar con una identificación. Me provocaba cierta ironía para aquellos habitantes, que si acaso sólo tienen asfaltado la carretera central del pueblo. Me parece una escenografía lamentable. 

Y yo me cuestiono, ¿será este el contexto habitual/natural para tal emplazamiento?, ¿se habrá pensado en el rechazo psíquico/social receptivo?, ¿acaso el artista antepone la monumentalidad factual y repercusión de la obra a la memoria de una élite artística antes que a una memoria colectiva e histórica del área?, ¿se trata de poner en cuestión esta mi lectura como parte de una historia de rizomas bajo tierra y que en un futuro posible se piense y se cuestionen estas problemáticas? Eso no lo sé, ni el propio artista lo sabe, de eso se trata el arte, y en esa arbitrariedad puede que salga triunfante.

Viaje infinito tiene ese alto grado de realización conceptual, se extiende por demás, se sale de los cánones históricos de la visualidad artística cubana, funciona de manera autónoma en su aislamiento. Más allá de mis impresiones, la obra conecta con el metaforismo del signo infinito y del viaje. Y en esa casi oportuna extrapolación, el artista despliega una serie de polémicas que trasciende las crisis materiales, una ampliación hacia lo global. Será esta una supuesta excusa para su monumentalidad y vista aérea. Quizás hasta logre que el receptor natural de la zona logre meditar en lo ilimitado del viaje, en la recurrencia de sus acciones y en la impermanencia. No sé, eso sería una posible solución, los poderes del arte pueden obrar de manera milagrosa.

Mientras, sigo leyendo y me cuesta creer que el proyecto "toma el arte como eje para iniciar paralelamente otras acciones socioculturales que vinculen la cultura con la innovación científica, tributando al desarrollo inclusivo y sostenible de las comunidades circundantes (…), a través de sus propias experiencias con el entorno y la obra". Solo puedo notar una ridícula fundamentación para justificar el emplazamiento de la pieza. Sí es prudente hablar sobre el cemento ecológico LC3 empleado para la pavimentación de la carretera, pues reduce la emisión de CO2 a la atmósfera, material novedoso, resultado de la investigación de la Universidad Central Marta Abreu conjunto a la Universidad Politécnica (Lausana, Suiza). No obstante, ahondar en la sostenibilidad del medio ambiente a partir del entorno en que se halla la obra, más la recuperación y aprovechamiento de las áreas de los alrededores, más fomentar actividades culturales para espacios de conocimientos, etc., me parece un anuncio vacacional del Parque Lenin en la Televisión Cubana. Para colmo dicho cemento, que sustituye un 50% de clínquer (componente más costoso y contaminante) por la combinación de arcilla caolinítica calcinada y piedra caliza abundantes en Cuba, aún se encuentra en la fase de prueba industrial, mientras que en otros países ya se comercializa. 

Mis observaciones no van dirigidas a que la obra pretenda suplir una solución inmediata, mucho menos que signifique eso. Solo miro así, como quien no quiere la cosa, que aquí muchos caminos se bifurcan en sus mediaciones. Tal vez los de Zaza se sorprendan al ver que lo que está en proceso de construcción no es lo que ellos se imaginan, una terminal de ómnibus, no sé, digo yo; será una carretera con la forma del infinito hecha de un cemento ecológico que muy pronto lo venderán en el mercado industrial. He aquí una obra artística que se construye, como la propia Bienal, en lo posible.