Miércoles, 16 de Octubre de 2019
Última actualización: 10:47 CEST
Poesía

No hay obra

(GTRES)

 

Me toca por detrás

un desconocido y me presiona

a contemplar algo obsceno y urgente;

yo estaba en otra cosa

babeado de tanto flujo y abundancia.

Esos detalles me cosen la ansiedad,

ponen la mazorca

para ver si la muerdo;

en esta poca latitud

no soporto un examen recurrente

y veo al bicho pegajoso

cruzar sobre las buenas intenciones

de los santos;

ya no tengo rodillas

para estar en eso,

sí vuelvo allí es

porque su voz es cálida

y tiene swing para extrañar

el mamey y la yerbabuena.

No hay obra,

he descubierto que cualquier

propiedad me hincha la nariz

y hasta la boca.

Mejor, la reparto;

el plátano de yeso

se lo lleva   ese que es un master

en estafar al turista,

lo demás lo pongo

en la mesa de al lado,

cada cual que coja

el pedacito

que le encaje, si en verdad saben depredar,

me dejaran el hueco exacto

un clima apropiado para intricarme

y recoger lo que persiste

cuando el objeto abanica

y se despide.

No hay obra,

reconstruyo el aliento,

la memoria rastrilla,

nada

donde estuvo el altar,

nada que la mano palpe;

la lengua del perro

hace un ruido

como de chancleta sobre la alfombra,

entonces tengo con nitidez

lo que sentí

en aquella época,

voces abundantes, gestos

la mano que no quiso

desprenderse, sus líneas

que confiaban más que yo

en mi propio camino.

Solo eso,

porque  obra no hay,

no la busques, se siente el rumor

de lo que puede dejarte

mudo.

 

 


Ricardo Alberto Pérez nació en Arroyo Naranjo en 1963. Sus libros de poemas más recientes son ¿Para qué el cine? (Unión, La Habana, 2011) y Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, La Habana, 2013). Publicó una antología personal, Los tuberculosos y otros poemas (Torre de Letras, La Habana, 2008). Ha traducido a Paulo Leminski y otros poetas brasileños. Es integrante del grupo literario Diáspora.