Miércoles, 22 de Enero de 2020
Última actualización: 16:13 CET
Crítica

'Caballo con arzones': las pústulas de Ahmel Echevarría

Ahmel Echevarría. (REVISTA CONEXOS)

Parece ser que donde pone el ojo (de la novela), ahí le viene el premio, y eso ha sido, desde que se conoce en el mundillo de las letras en Cuba, la suerte —la muy buena suerte—, que le ha tocado en lo que va de su carrera literaria al joven escritor cubano Ahmel Echevarría.

Para quienes conocen su trayectoria en el género narrativo, todas sus novelas publicadas han obtenido los más importantes galardones que se otorgan en la Isla, salvo el Premio Casa de las Américas, al menos por ahora.

Su más reciente título, Caballo con arzones (pústulas) , logró el Premio de Novela Alejo Carpentier, la distinción más alta que entrega cada año el Instituto Cubano del Libro a concursantes cubanos en el apartado de narrativa.

En sus 52 breves capítulos, Caballos con arzones cuenta una historia interesante de una mujer, La Percanta, que emprende la aventura de la introspección psicológica para indagar en los terrenos del alma humana y sus conflictos. El modo en que lo hace resulta atractivo y muy original: ella se imagina a sí misma como un hombre negro y joven que se inventa su propio universo familiar e intercambia disquisiciones filosóficas con unos personajes atípicos: el cerdo Robespierre, un vecino suicida y una joven amante.

En ese prisma, el travestismo literario es la principal estrategia discursiva de la obra que tiene en la construcción de su narradora en primera persona su mejor carta de triunfo, así como en la particularidad de interpelar al lector desde las posibilidades de expresión de la imagen y el símbolo estético literario, y un discurso que se interna en gran medida en las zonas de lo poético. Así, Caballos… resulta una especie de novela lírica, quizá en los terrenos de la narrativa autoficcional, un poco incómoda de digerir, es cierto, pero no por ello menos cautivante.

El sexo, el dolor, la ilusión, la vida después de la muerte, el desamor, la vejez, la familia, el destino y la comprensión del ser humano en torno a su función existencial en un universo de valores éticos, morales, sexuales y sociales en la Cuba de hoy, serán los motivos dinámicos de esta novela que apela a un rejuego intertextual con la Historia más reciente de la Isla y su cultura.

El estilo fragmentado y directo, aunque no por ello menos poetizado, tiende a una narrativa circular donde lo que importa es el tono reflexivo, a veces monótono y también cursi, que adquiere por momentos el delirio de esta Percanta trasvestida en la piel de su joven negro imaginado, y con el que construye paulatinamente una romántica historia de amor.

El libro no supera, a mi juicio, otros títulos suyos más interesantes del autor como Días de entrenamiento (Premio Franz Kafka de Novelas de Gaveta 2010; FRA, República Checa, 2012) La noria (Premio de Novela Ítalo Calvino 2012; Unión, La Habana, 2013) y Búfalos camino al matadero (Premio José Soler Puig 2012; Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2013). Aunque Caballos… continúa convenciéndonos de que Ahmel Echevarría sigue siendo uno de los más significativos narradores de su grupo generacional, ese que irrumpió en el convulso escenario literario de los Años cero.

En lo particular, a mí no me gusta esta nueva novela. Que este joven escritor conoce en verdad el arte literario no es noticia, pero esta obra me dejó el desabor de una expectativa no cumplida con creces, pues creo sinceramente que el delirium tremens de su protagonista tiene más ganancia en lo formal y muy poco que aportar en lo conceptual. Pero esa opinión supongo importe bien poco. Lo más interesante, sin embargo, resultará esperar lo que viene después, qué otro camino de experimentación desandará la poética de este autor muy admirado por quien esto escribe y por muchos, y que una vez más nos ha sorprendido para bien o para mal con su nueva entrega.


Ahmel Echevarría, Caballo con arzones (pústulas), (Letras Cubanas, La Habana, 2017)

1 comentario

Imagen de NARCO

Nos ha sorprendido para bien o para mal... Vaya crítica!! Pero bueno, el título de la novela debe ganarse el premio al más malo de la historia de la literatura.