Lunes, 18 de Noviembre de 2019
Última actualización: 16:13 CET
Béisbol de Grandes Ligas: La tanda cubana

El código infinito

El veterano Nolan Ryan durante una antológica pelea con el entonces novato Robin Ventura, en 1993. (ESPN)

No hace muchos años, Manny Machado se habría llevado un souvenir de la final de la Liga Nacional: tatuadas en sus costillas, las costuras de una bola lanzada a toda velocidad y con toda intención. En el cuarto juego de la serie, el torpedero de los Dodgers le dio una patadita manigüera al inicialista de los Cerveceros, Jesús Aguilar, para tratar de desequilibrarlo cuando este lo ponía out en primera. Hubo amago de tángana, aunque nada más y, quizás por ello, en el séptimo y decisivo partido, en el Miller Park de Milwaukee, un desafiante Machado tocó la bola en tres y dos y se anotó un jilito que inició la remontada de los suyos. 

No hace muchos años, si a un pitcher como Nolan Ryan le tocaban la bola, el desenlace era previsible. Lo mismo habría pasado en otros tiempos con tipos como Don Drysdale Bob Gibson. Quien se atreviera a ensayar el toque, ya podía prepararse para el dolor en su próxima visita al cajón. Más que como un desafío o una sorpresa, el toque era visto por aquellos temperamentales veteranos como una afrenta, una quiebra en ese código moral que desde el inicio de los tiempos ha dictado qué está bien y qué no en los terrenos de juego.

Muchos aseguran que hoy en día ya no hay cabida para comportamientos como los de Ryan and co., pero no es así. Este año, después de que el joven torpedero venezolano de los Bravos de Atlanta, Ronald Acuña, inaugurara con jonrones tres juegos seguidos, el derecho de los Marlins José Ureña lo saludó con una recta a 97 millas que lo mandó directo a la enfermería. Una mayoría de voces condenó la acción, pero también hubo otras, como la del cinco veces all-star, doble campeón mundial y actual comentarista de los Mets de Nueva York, Keith Hernández, que defendieron el código.

En constante evolución a través de generaciones, el código al que nos referimos es un lenguaje universal (entendido lo mismo en Cuba que en Japón o Estados Unidos, con diferencias no mayores a las de distintos acentos de un mismo idioma) que cubre todo lo que, en los diamantes, queda más allá de las reglas.

The Baseball Codes. Beanballs, Sign Stealing & Bench-Clearin Brawls: The Unwritten Rules of America's Pastime, escrito por los periodistas Jason Turbow y Michael Duca, es un hilarante volumen que disecciona el código desde todos sus ángulos y consecuencias, si es que algo así es posible. Dividido en cuatro partes —En el terreno, Represalias, Engañando y Compañeros— y minuciosamente investigado, el libro nos habla de situaciones precisas —cómo robar bases, cómo dominar la esquina interior del plato, cómo tocar a un corredor o lanzarse contra un cátcher, etc—, pero también de cuestiones más amplias y complejas, como el arte de ejercer la intimidación, las batallas campales, la etiqueta, la camaradería y la superstición.

Bob Brenly, aquel manager de las Serpientes de Arizona que ganaron la Serie Mundial de 2001 tras un hit del cubanoamericano Luis González ante el closer de los Yankees Mariano Rivera, resume el código en tres elementos: "Respeta a tus compañeros, respeta a tus oponentes, y respeta el juego". Pero, ¿es realmente tan sencillo? Turbow y Duca nos recuerdan que durante más de medio siglo, los jugadores han construido un corpus de normas no escritas que van desde la trivialidad de cómo interactuar con los compañeros de equipo hasta las broncas con los rivales. "Las reglas están en un constante estado de desarrollo y evolución —nos dicen—, y prácticamente cada sección del proverbial código tiene sus defensores y detractores. […] Al no ser escritas, dichas reglas se transmiten tan solo a través de la experiencia".

En cualquier caso, la existencia de este código moral es una de las cosas que, por ejemplo, separa al béisbol de otros deportes como el fútbol y esa permanente teatralidad del dolor que busca engañar a los árbitros. De hecho, una de las normas del infinito código del béisbol indica que bajo ningún concepto debes palparte el lugar adolorido: si un lanzador te pega un pelotazo, baja la cabeza y dirígete a la inicial aunque estés rabiando de dolor, con lo que estarías enviándole el siguiente mensaje a tu verdugo: soy más duro que tú, tú no tienes lo necesario para hacerme daño. 

Lo dice el actual piloto de los Dodgers, Dave Robert: "Cualquier cosa que le de satisfacción al lanzador o muestre algo de tu debilidad, es algo que sencillamente no deberás hacer".

Era el gran Yogi Berra quien afirmaba aquello de que "el béisbol es una cuestión 90% mental y la otra mitad física". Controlar ese 90%, por tanto, es fundamental. Cuando el intimidante Dock Ellis le dio un pelotazo al inolvidable Pete Rose allá en 1974, el líder en hits de la historia (4.256) cogió la pelota, se la devolvió amablemente a Ellis, y corrió hacia primera. En 1980, en la Serie Mundial entre los sorprendentes Filis y los favoritos Reales, el relevista de Filadelfia Dickie Noles rompió el código, dándole un bolazo intencionadamente al estelar George Brett ningún novato tendrá derecho a pegarle un pelotazo intencionado a un veterano all-star—, un lance que cambió la dinámica de la serie y le dio la victoria a los suyos, aunque haya que advertir aquí que el irreverente Noles contó, antes de que se formara la tángana, con el apoyo de su inicialista, el ya mencionado e inolvidable Rose.

A la luz de esto, cabe preguntarse: ¿Qué habría pasado si los Cerveceros le hubieran dado su merecido a Machado? ¿Se habría atrevido el torpedero a tocar la bola en tres y dos, en el séptimo juego de la final de la Liga Nacional, e iniciar así la remontada de los Dodgers?

Nunca lo sabremos. Turbow y Duca son conscientes de que el juego de hoy es muy diferente del que se jugaba en otras épocas. Pero al mismo tiempo, nos dicen, es el mismo.

Nos vimos ayer, nos veremos mañana. 


 

SERIE MUNDIAL

Dodgers de Los Ángeles/Medias Rojas de Boston (martes, 23.10)

Dodgers de Los Ángeles/Medias Rojas de Boston (miércoles, 24.10)

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Medias Rojas de Boston/Dodgers de Los Ángeles (domingo, 28.10)*

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