Domingo, 17 de Noviembre de 2019
Última actualización: 16:13 CET
Béisbol de Grandes Ligas: La tanda cubana

Fenway Park, Dodger Stadium y 500 parques más

The Sandlot, bajo el puente de la Calle 59 (del lado de Manhattan), sede de los New York Cubans en 1939. El primer estadio 'techado' del mundo.

Más allá de los acentuados contrastes de ligas, costas y estilos de jugar a la pelota de Dodgers y Medias Rojas, la actual Serie Mundial también va de parques. Tras comenzar en el vetusto, urbano, cerrado, tantas veces reconfigurado, semianálogico, verde, ocre, metálico, alto y caprichoso Fenway Park, a partir de hoy el duelo continúa en el abierto, simétrico, bajo, cementado, rodeado de palmeras y de enormes parqueos Dodger Stadium, con su azulito de cabañitas de piscina.

Hace unas semanas, en la librería Tattered Cover de Denver, donde se venden más libros de pelota que todos los editados en Cuba en los últimos 60 años, y donde se encuentra el ya comentado The Baseball Codes. Beanballs, Sign Stealing & Bench-Clearin Brawls: The Unwritten Rules of America's Pastime, descubrimos también 500 Ballparks: From Wooden Seats to Retro Classics, volumen que recoge fotografías, reseñas y datos, deportivos y arquitectónicos, de parques admirables por los más diversos motivos.

Allí aparecen el Agricultural County Fair Grounds, de Massachussetts, donde el 12 de junio de 1880 el pitcher Lee Richmond tiró el primer juego perfecto de la historia de las Grandes Ligas; el Centennial Field de Tallahassee, construido en 1924 para celebrar el centenario de la ciudad; el Brotherhood Park, sede de los Infantes de Cleveland en la temporada de 1890; o el Cedar Avenue Driving Park, donde los aficionados podían dejar sus coches en los jardines y los jardineros tenían que meterse entre las ruedas y gatear, pues allá abajo las bolas seguían vivas.

En las fotografías, planos de planta y de alzada de 500 Ballparks…, quedan expuestas muchas de las razones por las que es imprescindible llegar temprano a los parques, conocidos o no, los días de partido: ¿Hacia qué punto cardinal se abren los jardines y cómo, en dependencia de la estación del año y la hora, caerán los rayos de sol (y las sombras) sobre el montículo y el diamante? ¿Cuáles son las dimensiones y la forma de las vallas? ¿Son simétricas o dibujan recovecos y ángulos caprichosos? ¿En qué dirección sopla el viento (fijarse en las banderolas), y cuán cerca están las gradas del terreno de juego, es decir, qué espacio hay entre las líneas de cal y los muros laterales? ¿Cuál es la capacidad y cuánta gente ha venido? ¿Es un potrero, una catedral, o una pequeña joya, una Santa María Novella de las bolas y los strikes? ¿Es abierto, sin gradas traseras y por tanto expuesto a los elementos, o cual concha, posee techo retráctil y capacidad de cerrarse ante cualquier eventualidad? ¿Cómo ha cortado el césped el equipo anfitrión? ¿Lo ha chapeado bajito o lo ha dejado alto, tal y como hacían los Cachorros de Chicago en Wrigley Field en los años 70 y 80, para explotar las características ofensivas de su novena y diezmar los chances de los visitantes?

En La Habana, en el antiguo Gran Estadio, hoy "Latinoamericano", siempre hay mujeres inclinándose sobre los banquillos de los jugadores y peste a orina en los baños.

En Seúl, en el Estadio Jamsil, casa de los Osos de Doosan, las dimensiones del terreno se marcan en metros, no en pies, la velocidad de los lanzamientos en kilómetros por hora, no en millas, y los bullpen están junto a los banquillos, comunicados por una coqueta rejita de jardín que no deja de abrirse y cerrarse toda la noche.

En el Diamond Club del Marlins Stadium, en Miami, hay un buffet que va del pastrami al sushi, mesas cubiertas por gruesos y blancos manteles, camareros y camareras que nunca te abandonan, y una carta de vinos y cavas tan amplia como las opciones de postre.

En sus memorias, recientemente publicadas, el ex inicialista de los Cardenales de San Luis y los Mets de Nueva York, Keith Hernández, se detiene en varios pintorescos parques de las Ligas Menores: el Oiler Park de Tulsa, Oklahoma, con su Otasco Man —publicidad de aceites para carros—, una figura cuya cabeza y hombros sobresalían por sobre las vallas del left-center, arrancada de allí un buen día por un tornado; u otro terreno en Midland-Odessa, con unas espectaculares y entonces novedosas luces de vapor de mercurio que, desgraciadamente, atraían a las tarántulas, que acudían en oleadas. 

Hoy, más que las tarántulas de Midland-Odessa, lo que abunda son los parques con inevitables nombres corporativos. Minute Maid, SunTrust, Miller Park; Citi, Coors Field…

En Cuba, construido en 1929 por la empresa cervecera del mismo nombre, el parque de La Tropical fue pionero en esa tendencia.

Junto a La Tropical, el Gran Estadio de La Habana también aparece reseñado en 500 Ballparks. From Wooden Seats to Retro Classics. Se menciona en el libro la prohibición del béisbol por las autoridades coloniales españolas en 1869, cosa que convirtió el juego en algo subversivo y patriótico, las visitas de los Dodgers de Brooklyn y los Yankees de Nueva York en 1947, los años de los Havana Cubans y los de los Havana Sugar Kings, y la forma en que la revolú, eliminando el profesionalismo y todo lo que se le pareciera, le pasó una factura a la pelota que todavía estamos pagando.

Arquitectónicamente, 500 Ballparks. From Wooden Seats to Retro Classics es también una historia de la evolución del béisbol, de la transición de aquel deporte al aire libre que se jugaba los domingos en las alturas de la Manhattan del siglo XIX, o en los clubes cubanos con su glorieta al fondo, donde se tocaba y se bailaba el danzón, a este de templos impolutos, techados y climatizados, ajenos ya al polvo, con internet y escaleras eléctricas, rodeados por esos pasillos circulares que los griegos llamaban diazoma y que hoy son bulevares en los que lo mismo se venden hamburguesas que jalapeños, ensaladas que pizzas, ceviches que feijoada

Por su atípica forma de diamantes, los parques se identifican fácilmente desde el cielo cuando uno aterriza lo mismo en Santo Domingo que en Nueva York, en Miami que en Tokyo o Seúl: terrenos infantiles, de softball, de barrios, iluminados, coquetos, siempre inundados de actividad o listos para ser usados. En Cuba, al contrario, no se ven tantos, pues la revolú, que apenas ha construido nada, tampoco levanta estadios ni parques, ni renueva los que confiscó. 

Eso sí, en 500 Ballparks. From Wooden Seats to Retro Classics, hay un tercer terreno cubano que merece mención. En 1939, los famosos New York Cubans, conjunto de las Ligas Negras, jugaron de anfitriones en un campo conocido como El Solar, ubicado parcialmente bajo el puente de la Calle 59, que comunica Manhattan con el barrio de Queens. La presencia del puente hizo que El Solar fuera, técnicamente, el primer estadio techado del mundo.

Esta noche, como decíamos al principio, la Serie Mundial se reanudará en el Dodger Stadium, también conocido como Chavez Ravine. Por los locales, el novato Walker Buehler se subirá a la lomita y tratará de contener a las Medias Rojas de J. D. Martínez, quienes, tras ganar los dos primeros duelos, confiarán en el derecho Rick Porcello para amarrar cortico a la banda de Yasiel y YasmaniPuig y Grandal.

Nos vimos ayer, nos veremos mañana.


SERIE MUNDIAL

Dodgers de Los Ángeles/Medias Rojas de Boston (4 a 8)

Dodgers de Los Ángeles/Medias Rojas de Boston (2 a 4)

Medias Rojas de Boston/Dodgers de Los Ángeles (HOY)

Medias Rojas de Boston/Dodgers de Los Ángeles (sábado, 27.10)

Medias Rojas de Boston/Dodgers de Los Ángeles(domingo, 28.10)*

Dodgers de Los Ángeles/Medias Rojas de Boston(martes, 30.10)*

Dodgers de Los Ángeles/Medias Rojas de Boston(miércoles, 31.10)*

 

*en caso necesario

 

1 comentario

Imagen de Kreutz

Para mi el mejor estadio es el Petco Park de San diego