Domingo, 17 de Noviembre de 2019
Última actualización: 16:13 CET
Béisbol

El béisbol cubano necesita que lo dinamiten

Tope Cuba-Nicaragua. (LA PRENSA)

A menos de 15 días del comienzo de los Juegos Panamericanos, el equipo cubano de béisbol sigue preocupando a especialistas y aficionados. El verdugo de turno, Nicaragua, es el "culpable" de un nuevo episodio de la crisis.

Desde septiembre de 2001 los nicaragüenses no habían podido vencer a la selección nacional en 22 encuentros disputados, y este fin de semana han logrado un empate y la han rendido dos veces consecutivas en el terreno.

No han sido las derrotas en sí mismas las que ha provocado un hastío y un apagón del optimismo que una vez más se encendía con timidez dentro de la mayoría de los aficionados. Las alarmas suenan provocadas por la forma en que el equipo nacional ha sido vencido, por su baja ofensiva mostrada, la falta de concentración de los peloteros, y la merma en la velocidad y en la efectividad de los lanzadores.

Mientras el director del equipo, Rey Vicente Anglada, continúa asegurando que alcanzará la medalla de oro en la cita continental —con una firmeza que asombra—, sus discípulos siguen mostrándose en el terreno como colegiales, trazando una curva de rendimiento descendiente, al punto de conectarle solo 15 indiscutibles en 92 veces oficiales (163 AVE) a un cuerpo de lanzadores nicas sin nada extraordinario en sus envíos.

Una vez más, los sistemas de entrenamiento de los equipos nacionales de este deporte no están dando resultados y han vuelto a poner en dudas la necesidad de todo ese derroche económico a lo largo de estos tres meses en los que se ha creado un zafarrancho de combate que incluye a más de 60 atletas, entrenamiento en la altura mexicana y un largo periplo por tierras de Norte y Centroamérica.

El cansancio ha hecho mella en los atletas más veteranos, y los jóvenes convocados en un alarde de cambio generacional —aplaudido en su momento— no han podido soportar el peso psicológico que representa esa responsabilidad, aumentada por las presiones de los directivos.

Ahora, la llegada al equipo de una caballería proveniente de ligas profesionales vuelve a encender algunas brasas de esperanza. Siete u ocho peloteros con muy buenas actuaciones por otras tierras asumirán papeles protagónicos dentro del conjunto para el evento regional.

No obstante, los obstáculos son muchos. Van desde el logro de un "team work" en plena competencia hasta la posible caída de rendimiento que tendrán que enfrentar los llegados de Japón, sin tiempo para contrarrestar la gran diferencia de horarios que los afectará.

Así y todo, los más optimistas se aferran a esta tabla de salvación en medio del diluvio, en el afán de recuperar la primacía continental, y confían en el resurgimiento de esa estirpe que ha caracterizado a las escuadras de la Isla a lo largo de la historia, pero que ha desaparecido en los últimos años a causa de políticas erradas y el enclaustramiento a espaldas del desarrollo y del movimiento natural del mundo.

Para recuperar el cetro en los Juegos Panamericanos de Lima no será necesario un análisis a fondo de los adversarios ni una estrategia sacada de la manda. No dependerá del cuerpo de dirección, ni siquiera de las calidades individuales de nuestros atletas. La fórmula es más compleja, es necesario dinamitar los cimientos que a duras penas sostienen el béisbol cubano… y comenzar de nuevo.