Domingo, 23 de Febrero de 2020
Última actualización: 23:17 CET
Brasil

Despliegue de seguridad sin precedentes para la investidura de Bolsonaro

Seguidores de Bolsonaro ante tanquetas del Ejército en Brasilia. (REUTERS)

Con un refuerzo policial sin precedentes en las calles y bloqueos en diferentes puntos de la ciudad, Brasilia amaneció este martes blindada para la toma de posesión de Jair Bolsonaro, cuya investidura sienta en la Presidencia a la extrema derecha en el país, reporta EFE.

El temor de un nuevo atentado contra Bolsonaro, quien fue apuñalado el pasado septiembre en plena campaña electoral, ha elevado la alerta de las autoridades, que han desplegado un operativo de seguridad inusual en la capital brasileña para hacer frente a cualquier "amenaza".

"Es un presidente que sufrió un atentado, una agresión a su propia vida. Por eso tenemos que aumentar los niveles de seguridad, los controles de acceso y precaución", anticipó este domingo el general Sérgio Etchegoyen, ministro del Gabinete de Seguridad Institucional, responsable de todo el procedimiento.

Un decreto presidencial permitió que misiles antiáreos con hasta siete kilómetros de alcance y dirigidos por láser puedan derribar aviones considerados "hostiles", que violen el espacio delimitado como área de seguridad durante la toma de mando del nuevo presidente.

La medida también alcanza a los drones, que podrán ser "abatidos" por los francotiradores distribuidos a lo largo de la Explanada de los Ministerios, una amplia avenida que reúne todos los poderes públicos de Brasil, incluido el Congreso, donde Bolsonaro jurará la Constitución antes de asumir el poder.

La explanada estará cercada por alambres de púas y concertina para impedir la libre circulación del público en la ceremonia, que reunirá entre 250.000 y 500.000 personas.

Policías y miembros del Ejército revisaron el área por donde hoy circulará Bolsonaro, e instalaron barreras de hormigón en las puertas de entrada de la vía para evitar el paso de vehículos no autorizados.

La Policía Federal dijo que investiga una supuesta amenaza terrorista a la investidura.

Bolsonaro sucederá en la Presidencial de Brasil a Michel Temer, después de vencer las elecciones de octubre con un 55% de los votos, frente al 45% obtenido por Fernando Haddad, ahijado político del encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Tras dejar el Congreso, Bolsonaro recibirá la banda presidencial en el palacio de Planalto, en una ceremonia en la que está prevista la presencia de 11 jefes de Estado o de Gobierno, entre ellos el de Israel, Benjamín Netanyahu, con quien el futuro presidente ha estrechado lazos.

No han sido invitados el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ni el gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, a los que Bolsonaro califica de "dictadores".

Bolsonaro, apodado el "Donald Trump tropical", ha dicho que quiere lazos más próximos con Estados Unidos e Israel, formando una suerte de nuevo eje que rompe con décadas de políticas de centro-izquierda que buscaban reforzar los lazos Sur-Sur y posicionar a Brasil como una potencia capaz de dialogar con todos.

"Juntos, pero con otros países como Estados Unidos, que piensan y tienen una ideología parecida a la nuestra, lo tenemos todo para ayudarnos y hacer el bien para nuestros países", declaró Netanyahu el viernes en Río de Janeiro, reportó la AFP.

Bolsonaro ha prometido trasladar la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén, un paso que podría suponerle represalias comerciales de los países árabes, grandes comparadores de carne brasileña.

También ha anunciado la salida de Brasil del Pacto Mundial para la Migración de Naciones Unidas y ha amenazado con hacer lo mismo con el Acuerdo de París contra el cambio climático.

Y está por ver qué tipo de relación quiere con China, el principal socio comercial de Brasil, después de acusar a Pekín de "comprar a Brasil".

La llegada al poder del capitán de la reserva del Ejército ha movilizado a centenares de brasileños provenientes de diversas ciudades de país que se han trasladado hasta la capital para acompañar a Bolsonaro, un nostálgico de la última dictadura militar y polémico por un historial de declaraciones machistas, racistas y homofóbicas.

Su investidura también ha captado la atención de numerosos periodistas nacionales e internacionales, quienes en los últimos meses han debido sortear las informaciones contradictorias que han marcado el proceso de transición.

El procedimiento para acompañar la toma de mando de Bolsonaro es más engorroso que en anteriores ocasiones y, por primer vez en una investidura en Brasil, los profesionales de la información serán trasladados por autobuses hasta lugares previamente designados y que no podrán abandonar hasta que no concluya por completo la ceremonia.

A la lista de medidas de seguridad, se suman otras prohibiciones. En la cita no estarán permitidos el uso de mochilas, cochecitos de bebé, paraguas, botellas de agua o animales y el público asistente deberá ser sometido a estrictas revisiones antes de entrar en la Explanada de los Ministerios.

La investidura de Bolsonaro, de 63 años, y de su vicepresidente, Hamilton Mourao, marca el inicio de un Gobierno de cuatro años en el que el ultraderechista pretende implantar un programa económico liberal y una agenda social de tinte conservador.

Deberá demostrar si es capaz de poner en práctica sus promesas de desterrar los vicios de la vieja política brasileña y de sacar adelante sus programas de recortes fiscales y privatizaciones, con los que sedujo a los mercados.

Su equipo de 22 ministros, entre ellos siete militares retirados, es una mezcla de conservadurismo moral con liberalismo económico.

Para asegurar la gobernabilidad, deberá mantener la convergencia de los lobbies transpartidarios que le dieron un apoyo clave en la campaña: los grandes productores agrícolas, las ultraconservadoras iglesias pentecostales y los defensores de la flexibilización de la posesión de armas.

En materia económica, su prioridad número uno es tramitar en el Congreso una reforma del sistema de jubilaciones para reducir su impacto en las cuentas públicas, una medida altamente impopular.

En la última entrevista televisiva antes de fin de año, en la cadena Record TV, Bolsonaro se comprometió a "desburocratizar al máximo posible" y "sacar el peso del Estado de encima de quien produce" para dinamizar la economía.

Aunque tras su victoria electoral prometió gobernar "sin distinción de origen, raza, sexo, color o religión", en los últimos días multiplicó comentarios belicosos en Twitter, su arma favorita de comunicación, al igual que la de Trump.

Después de prometer el sábado liberalizar por decreto la posesión de armas, afirmó este lunes que estaba decidido a extirpar la "basura marxista" que, según dijo, explica la baja calidad de la enseñanza en Brasil.

Archivado en