Sábado, 18 de Enero de 2020
Última actualización: 16:13 CET
Política

Bolivia, ¿quién puede más que Evo?

El presidente de Boliva, Evo Morales. (CARLOS JASSO/REUTERS)

"No puedo decepcionar a mi pueblo", dijo Evo Morales para justificar su postulación a un cuarto mandato a la presidencia de Bolivia

Esta vez, sin embargo, hay una novedad. El principal candidato opositor, el expresidente Carlos Mesa, se encuentra en las encuestas apenas a unos puntos del actual mandatario, quien ganó las dos últimas presidenciales en la primera vuelta con más del 60% de los sufragios.

Morales se postula a la presidencia, pese a que la ciudadanía rechazara en referendo, en febrero de 2016, una modificación de la Constitución que buscaba instaurar la reelección indefinida del actual mandatario.

En diciembre pasado el Tribunal Supremo Electoral (TSE), cooptado por el oficialismo, habilitó pues la candidatura de Morales a un cuarto mandato consecutivo.

Ya en noviembre de 2017 el Tribunal Constitucional había allanado el camino a otra reelección del líder indígena al optar por dar prioridad a los "derechos políticos" de los representantes del pueblo por encima de los artículos constitucionales que restringen las veces que pueden ser reelectos.

Comienza ahora una larga campaña electoral, cuyo primer paso tendrá lugar el 27 de enero, cuando las distintas formaciones en liza celebren elecciones primarias destinadas a entronizar oficialmente sus respectivos candidatos.

Esto será un mero trámite, puesto que ningún partido ha registrado más de un binomio (presidente-vicepresidente) ante el TSE.

En un primer tiempo semejante estrategia parece funcionar: la oposición comienza la carrera dividida con siete candidatos distintos.

El objetivo fundamental del MAS, empero, es desgastar a Mesa. Por lo tanto, la larga contienda debería permitirle al oficialismo concertar una línea de ataque para ensombrecer la figura de este último.

El Gobierno en ventaja

Consciente del desgaste natural de Morales tras 12 años en el poder, y del amplio descontento generado por su voluntad de alcanzar la reelección a todo precio, el MAS buscará evitar la celebración de una segunda vuelta en las presidenciales de octubre, que pueda saldarse con una sorpresiva (pero no del todo imposible) remontada de Mesa.

Aun así, el oficialismo cuenta con sólidos estribos para desarrollar una campaña que le permita ir ampliando su baza electoral. 

El primero es la relativa buena salud de la economía nacional que ha crecido durante toda la última década a un promedio superior al 4%. 

El auge de los ingresos entre 2006 y 2014, gracias a las exportaciones de hidrocarburos y de materias primas, ha sido usado con cierta eficacia en el gasto público (infraestructuras), la redistribución de la renta (programas sociales) y la incentivación de rubros como la agricultura, el turismo y la construcción.

Incluso el sector financiero ha experimentado una expansión al triplicarse sus activos y beneficios entre 2007 y 2018. Aquí también el Gobierno del MAS ha velado por que esta bonanza irrigue la economía local al fijar una cuota obligatoria para el crédito productivo. Este ha pasado de cerca de 1.000 millones de dólares a más de 10.000 millones de dólares en la actualidad.

Una gestión que se ha traducido en un descenso notable de la pobreza entre 2006 y 2017, pasando del 59,9% al 36,4%. La extrema pobreza, por su parte, cayó del 38% al 18%.

Además, el Gobierno cuenta con un poderoso engranaje propagandístico. No solo los medios estatales y afines hacen abiertamente campaña a favor de Evo Morales, sino que este año el Ministerio de Comunicación, encargado de la propaganda, ha visto triplicada su partida presupuestaria. 

Por si fuera poco, el mandatario ha emprendido un recorrido para inaugurar diversas obras públicas a lo largo del país. Algo que está formalmente prohibido durante las campañas electorales, pero el control de todos los poderes por parte del oficialismo convierte la veda en letra muerta.

Sin embargo, la caída del precio de las materias primas marca los límites del modelo implementado por el MAS. 

Si bien el nivel de endeudamiento del país es todavía relativamente bajo (25% del PIB), la merma de los ingresos por las exportaciones ha provocado un aumento de los préstamos del Banco Central al Estado para sostener la inversión pública y en los últimos tres años las reservas internacionales se han reducido casi a la mitad, pasando de 15.000 millones de dólares a cerca de 8.000 millones de dólares.

La extrema dependencia de los hidrocarburos y las materias primas amenaza con hipotecar los incentivos que el Gobierno prodiga a la economía, al igual que sus inversiones en infraestructuras y en programas sociales.

La anuencia de una parte no desdeñable de la población con las derivas autoritarias del MAS se sustenta en buena medida en la estabilidad económica de la que goza el país.  

Una oposición sin anclaje popular

No obstante, el principal hándicap de la oposición es su fragmentación y su incapacidad de tejer un discurso que tenga resonancia más allá de las clases medias urbanas.

Durante los festejos navideños, por ejemplo, la huelga de hambre de un centenar de personas, organizada por varios comités cívicos, llegó a término ignorada por el grueso de la ciudadanía.

Contactado por DIARIO DE CUBA, Ernesto Bascopé, politólogo y colaborador del periódico paceño El Diario, considera que varios factores confluyen en esta falta de proyección.

Sin ir más lejos, la huelga de hambre navideña —que intentaba emular la de las mujeres mineras que en 1977 lograría poner en jaque a la dictadura de Hugo Banzer— "tomó la forma por el fondo, creyendo que la huelga de las mineras provocó la caída de Banzer, cuando ese régimen, en realidad, ya estaba debilitado, carcomido por dentro y había entrado en una seria crisis económica. La huelga de hambre aceleró el fin, pero no lo causó".

Actualmente, en cambio, el Gobierno "cuenta con toda la maquinaria del Estado de su lado, con la fidelidad de las fuerzas del orden y del Ejército. Y también, hay que reconocerlo, con una buena parte de la población que está perfectamente tranquila, porque la economía no va mal y porque la estabilidad es bastante apreciada en una sociedad tan conservadora".

Además, por ahora, los partidos de oposición no articulan un discurso que aglutine el descontento con los desvaríos del MAS, ya sea, según Bascopé, porque los candidatos no han definido sus propuestas o porque, de modo más preciso, se quedan en "abstracciones" sin traducir en términos concretos qué significa un "retorno a la democracia y al Estado de derecho". 

Visto así, Evo Morales se encontraría en una situación favorable para asumir por cuarta vez consecutiva la presidencia del país andino.

1 comentario

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

La pregunta no es quien puede con Evo? sino, quien puede dirigir Bolivia mejor que Evo?