Jueves, 14 de Noviembre de 2019
Última actualización: 17:42 CET
Historia

Así fue la suerte de los niños que nacieron en los campos de concentración del comunismo

Alexander Latotzky. (FREIPRESSE)

Alexander Latotzky nació en un campo de concentración soviético en el año 1948. La afirmación se vuelve más llamativa si se añade que el campo de concentración estaba en Alemania y que su nombre podía ser lo mismo Bautzen, que Buchenwald, que Sachsenhausen, nombres célebres asociados al aparato de exterminio del nazismo.

En la actualidad, Latotzky se dedica con ahínco a la divulgación sobre la etapa en que la dictadura comunista, impuesta por la Unión Soviética, gobernó el este de Alemania con el nombre de República Democrática Alemana (RDA). Un empeño de muchas personas e instituciones alemanas por conservar la memoria de un régimen criminal para el que esconder sus ofensas a la humanidad era una cuestión prioritaria. Alexander Latotzky ha jugado un papel protagónico en ello.

Las razones que llevaron a su madre a un campo de concentración, que alejaron a su padre en vísperas de su nacimiento, los reencuentros parciales, la crueldad ejercida sobre su familia, y la fuerza desplegada en el rescate de la memoria individual y colectiva, identifican la existencia de Alexander Latotzky con la de la RDA y extinción, el fin del comunismo como ideología plausible, y la recuperación de la memoria que el comunismo pretendió hacer desaparecer.

La acuciosidad alemana es una lección para los cubanos que hemos comenzado el rescate de nuestra memoria, la exaltación de la justicia, y el respeto al ser humano, frente al modelo promovido por tantas décadas de dictadura comunista.

¿Cuáles eventos dieron por resultado su nacimiento en un campo de concentración?

A finales de la Segunda Guerra Mundial mi madre, Ursula Hoffmann, tenía 20 años y vivía aquí en Berlín con su mamá, mi abuela. Un día de febrero de 1946 mi madre llegó a la casa y encontró que a su madre la habían violado y asesinado. Allí todavía estaban los soldados soviéticos que lo habían hecho. Mi madre los denunció a la administración local, las autoridades de lo que más tarde sería la RDA, que todavía no existía. Hicieron algunas investigaciones y luego el expediente pasó a los soviéticos. De repente detuvieron a mi madre y la acusaron de agente de los servicios de inteligencia de EEUU. La condenaron a 15 años de reclusión.

¿A qué prisión fue a cumplir la condena?

No la mandaron a una prisión. Sino al campo de concentración de Sachsenhausen, que era un campo con presos para condenas menores, y 15 años en aquella época era una condena relativamente menor.

¿Eran campos nazis convertidos en campos soviéticos o también los soviéticos construyeron algún tipo de campo?

Los soviéticos, ellos mismos, no construyeron sus propios campos. Eran campos de los nazis que luego pasaron a ser de los soviéticos en la RDA.

¿Cuáles fueron los campos más prominentes de ese conjunto?

Sachsenhausen, Bautzen y Buchenwald, pero fueron muchos los campos reutilizados. El campo de Sachsenhausen fue liberado en mayo de 1945 y en agosto lo volvieron a utilizar como campo. En general los campos tuvieron el mismo índice de muertes durante la administración nazi como durante la administración soviética, uno de cada tres prisioneros murió. La diferencia fue que los soviéticos no mataron a las personas, no las fusilaron, simplemente se murieron de frío y desnutrición. No había colchones ni mantas, la gente dormía en el suelo simplemente.

¿Ese fue el campo que conoció su madre, Sachsenhausen?

Primero mi madre estuvo en el campo de Torgau, donde se enamoró de un soldado ucraniano a cargo de cuidar el campo. Su nombre era Wladimir Jakowlewitsch Brjutschkowski. Yo nací de esa relación. Poco antes de mi nacimiento a mi padre lo mandaron a un campo penal en la Unión Soviética por la relación ilícita con mi madre. A mi madre la mandaron al campo de Bautzen, allí nací yo. Fue tres meses después de nacer que nos mandaron a Sachsenhausen.

¿Hay alguna estadística aproximada o exacta de cuántos niños nacieron en campos de concentración soviéticos?

En todos los campos nacieron niños muy a menudo. Pero a los niños no se les registraba y cuando no estabas registrado no te daban comida, ropa, ni nada, y es por eso que el índice de mortalidad era también muy alto entre los niños. O sea, la primera ropa que recibí era de personas muertas, que ya no necesitaban su ropa. Esa ropa nos la daban a los niños.

¿Ropa de adultos, cómo la vestían?

De esa ropa hacían pañales. Los sacos de azúcar se deshacían y sus hilos se usaban. Los rayos de bicicleta se utilizaban como aguja y se tejían nuevas piezas.

¿Cuándo usted sale del campo de concentración y por qué?

En 1950 se disuelve el campo. Mi madre pasó a una prisión ordinaria, en muy pocas semanas se separó a los niños y a mí me mandaron a un hospital en Leipzig.

En 1950.

Sí. Yo tenía dos años. Mi madre sintió que se le hundía el mundo, había perdido a su madre y ahora me perdía a mí. En principio, cuando estuve en el hospital, los niños allí no teníamos ascendencia, se nos consideraba literalmente hijos del Gobierno del estado de Sajonia. Después de algún tiempo, los niños que estábamos en ese hospital de Leipzig fuimos repartidos en orfanatos de la RDA, y en algún momento de 1954 el Gobierno, o los servicios secretos, me mandaron a una familia para que me adoptara. Luego animaron a esa familia para que se dirigiera a mi mamá diciéndole "si usted quiere trabajar para el servicio secreto, para la Stasi, mandamos a su hijo de vuelta para ese orfanato". Para mi madre que aquella familia me adoptara significaba perderme.

O sea, la misma familia que le acoge funciona como agente de enlace entre la Stasi y su madre.

Sí, mi madre prefirió trabajar para la Stasi a perderme y cuando firmó el contrato con los servicios secretos a mí me llevaron de vuelta al orfanato. Dos años después de que ella se declarara dispuesta a trabajar para la Stasi la liberaron.

¿En qué año?

1956. Estuvo diez años presa. Como mi madre hablaba ruso, la mandaron a Berlín Oeste para que espiara a la iglesia rusa y las organizaciones del exilio ruso. Como ellos no estaban seguros de si ella les era leal, se quedaban conmigo como garantía.

¿Y este tiempo que usted estuvo principalmente en orfanatos, su madre tuvo algún derecho de ir a verlo, entre el 50 y el 56, o después que salió libre?

No tenía ningún derecho a visitarme. Ella estaba presa y no podía salir a verme. De vez en cuando a ella le mandaban fotos mías, para que viera cómo iba creciendo, era una recompensa. En la prisión, cuando las mujeres trabajaban bien les daban regalos. En nuestro caso esas fotos fueron nuestros regalos. Fueron cinco fotos en total.

¿Cuándo se produce el reencuentro entre su madre y usted?

Después de que estaban convencidos de que mi madre era leal a la RDA entonces sí le permitieron reunirse conmigo. Fue en enero de 1957. Yo no me acordaba de ella, no sabía nada, qué estaba pasando. Me dieron ropa nueva y me llevaron en un tren de cercanías a Berlín Occidental y de repente está una señora que apenas me conoce, que está llorando, que me abraza y bueno, es mi madre.

¿Cómo fue ese reinicio de vida en común?

En principio la situación era muy extraña y me tenía que acostumbrar. Por ejemplo, yo estaba durmiendo en mi propio cuarto sin nadie más y me asustaba el silencio, porque antes siempre había ruido en la noche. O de repente podía ir a la cocina y prepararme algo para comer, lo que no era el caso antes. Lo traté de una manera muy pragmática y decidí dejar de ser el mismo, convertirme en otra persona. Antes siempre me llamaban Sasha, que es la versión rusa de Alexander, y ahora decidí que era Alex. Me hacía llamar Alex para subrayar que era otra persona. Cuando yo estaba con mi madre en Berlín Occidental, los del servicio secreto de la Unión Soviética se dieron cuenta que todos los reportes que ella había escrito eran pura fantasía, pero ya no podían ejercer presión sobre ella porque ya estábamos juntos. Yo pude acceder a documentos de la época que daban cuenta de esta frustración de los servicios secretos. Ella se había casado. Vivimos una vida relativamente normal en Berlín Occidental. Mi mamá siempre tenía miedo de que vinieran de Berlín Oriental a llevarme de vuelta a la RDA. Ella murió en el 67, a los 41 años, por las consecuencias de su cautiverio en el campo.

Solo diez años vivió con su madre.

Sí. Aunque ella los tres últimos tres años de su vida los pasó casi completos en el hospital.

¿Qué enfermedad tuvo?

Tuberculosis y cáncer al final. De tuberculosis se enfermó en el campo.

Con 19 años se queda huérfano de su madre. ¿Cuál es su formación? ¿Cómo comienza a participar políticamente en el tema de los derechos humanos y la conservación de la memoria de la dictadura comunista?

Estudié Pedagogía y Deportes, pero nunca trabajé en una escuela, sino que me dediqué a la formación de los adultos. El 3 de octubre de 1990 se reunifica Alemania, todo el mundo va a la Puerta de Brandenburgo a celebrarlo, yo me había casado y tenía a mis dos hijos. Fui a Sachsenhausen al día siguiente y allí reconocí que había mucha historia que todavía no se había tratado bien. Fue cuando me di cuenta de que quería trabajar con ese tema. En 1993 colaboré con la Cruz Roja, que había ido a Rusia y había comprado muchos documentos que se habían perdido antes, con los que trabajé.

¿La Cruz Roja alemana?

Sí. La Cruz Roja alemana fue a Rusia en 1993 y trabajó con los archivos, hizo muchas copias de documentos y actas allí.

Y usted estuvo en Rusia entonces.

No, yo trabajé con las actas. Trabajando con esas actas que trajeron de Moscú, encontré información sobre mi padre. Mi madre y yo siempre pensamos que él no vivía. Mi madre pensaba que él había sido condenado a muerte cuando en realidad lo habían condenado solo a seis años de prisión. Encontré la fecha y el lugar de su nacimiento, entre otras cosas. Entonces dirigí una carta, creo que a la alcaldesa del pueblo donde él había nacido. Fueron allí y encontraron a dos hermanas suyas que decían que iban a pasar la carta a mi padre. Lo hicieron y en 1999 recibí la primera carta de mi padre. En aquel momento él vivía en Kaliningrado, ese enclave ruso que antes era Prusia Oriental.

O sea, estaba viviendo en un territorio ruso.

Sí. Se mudó allí en los años 70. Mi padre nos invitó a mí y a mi madre, desconocía, claro, que ella hubiera fallecido. Fui con mi esposa en 1999 por primera vez, en otoño. Fue una experiencia muy conmovedora, mi padre había tenido más hijos y conocí también a mis hermanos. La historia de mi padre fue más o menos la siguiente: él había sido apresado muy joven por los nazis y llevado a trabajar como esclavo en una fábrica de tanques en Brandemburgo. El Ejército Rojo lo liberó al final de la guerra. Como otros soviéticos en su condición, fue sospechoso de pertenecer al Ejército de Liberación Ruso, que combatió contra Stalin y, por tanto, un traidor. Consiguió evitar ser fusilado en dos ocasiones y luego lo enrolaron en el ejército, en un regimiento de reserva. Fue entonces que lo promovieron a sargento como miembro de la guardia del campo especial de Buchenwald y más tarde de Torgau donde conoce a mi madre. El murió en el 2004, para ese entonces nos habíamos visitado cinco veces.

¿Cuál es el mayor empeño suyo hoy, respecto de esta historia de Alemania?

Es importante hacer llegar a la gente la información de que en 1945 no se acabó la dictadura en Alemania. Porque esa es una concepción muy común aquí, que en 1945 Alemania se liberó y todo estaba bien ya. Mi empeño es enseñar a la gente que en una parte de Alemania la dictadura continuó, con otros matices, otros medios, pero continuó hasta 1990. Y para hacer llegar esa información me dirijo a intermediarios que pueden ser estudiantes. Ahora tengo un proyecto que involucra a estudiantes que entrevistan a testigos de la época, se graba, y se divulga en las escuelas. Para que así los estudiantes enseñen a los estudiantes. También se hace con los periodistas para que puedan difundir información sobre esa época.

Otro campo de interés que está relacionado con el primero, es la cuestión de los niños que nacieron en los campos, porque hasta ahora ningún historiador alemán se ha ocupado de ellos. Había en la RDA un libro que era una lectura obligatoria en las escuelas, que era la historia de un niño que nació y vivió en un campo de concentración nazi. Se llama Desnudo entre lobos [publicado en Cuba en 1977 por la editorial Arte y Literatura]. Hay mucha gente en Alemania que no sabe que también después de 1945 hubo niños que nacieron y se criaron en campos de concentración. La tarea consiste en encontrar historiadores que se ocupen de esto, que lo documenten, lo cual hasta ahora no ha sucedido.


El entrevistador agradece a Sören Soika, de la Fundación Konrad Adenauer en Berlín, la realización de este entrevista. Fue él quien propició el encuentro con Alexander Latotzky, y desempeñó el papel de intérprete en un diálogo complejo por su abundancia de detalles históricos.

3 comentarios

Imagen de Juanma

   No se sorprende para nada este horror que sufrieron estos ninos nacidos en los campos de concentración y trabajos forzados del antiguo bloque soviético, yo he leído sobre los crímenes que cometieron las unidades paramilitares de la KGB durante y después de la 2da guerra mundial, sobre todo con los soldados y oficiales que habían desertado durante la guerra, al igual que las represalias sangrientas contra las fuerzas nacionalistas y democráticas de los países bálticos, Ucrania y el Cáucaso, cientos de miles de muertos y torturados en los Gulags, en este caso se narra lo que sufrieron los hijos que nacieron en estas condiciones...El comunismo condenó a morir durante el siglo 20 en total a unos 60 millones de personas, al menos, otras fuentes hablan de 100 millones, sobre todo en la ex- URSS y en la China de Mao...Infórmese el que no lo ha hecho, las historias y los testigos de sobran...

Imagen de NARCO

Fantástico reportaje!! Felicidades a su autor y a DDC,.

Imagen de Ana Julia Faya

¡The Horror! Como diría Brando en Apocalypse Now. Yo he leido sobre las atrocidades cometidas por los soviéticos durante y después de la Guerra, pero no conocía esto de los niños. Al menos la humanidad cuenta con personas como este hombre, que indaga y denuncia. ¿Sabrá Bernie Sanders, que pasó su luna de miel en Moscú, de estas historias? Sobre todo, ¿las creerá?